La mirada perdida

Tenemos la mirada perdida, habituada, hecha y tal vez distorsionada... no todos vemos lo mismo que tenemos delante. Nuestros ojos están cargados de imágenes hasta la saturación, cargados de historias muchas veces aje nas.... Nuestra mirada hacia el arte no escapa de esta aceleración derivada del mercado, del consumo y de la moda. Por eso nuestros ojos no nos dejan ver, no pueden. Vemos lo que vimos, lo que nos resulta habitual, conocido, lo que hemos aprendido. La culturaincultura dominante se impone desde la cuna, desde los medios, desde la academia... y si no hemos cuestionado lo aprendido, esto se convierte en un dogma incuestionable que nos impide valorar en su medida lo que tenemos delante. Esta incapacidad, este desco nocimiento se nos antoja como algo propio y cuestiona al resto como algo incomprensible o tal vez insoportable, una agresión a combatir...

No es fácil recuperar la mirada perdida, la mirada primera, la inocente e infantil, la esencialmente humana y propia. Cuando éramos niños asumía mos el juego como parte de la vida. La distancia entre vida y fantasía o representación era muy corta. Enseguida entrabamos en el trance del juego, en el teatro de la vida y asumíamos con naturalidad el reparto de papeles haciendo de indio o de vaquero, de guardia o de ladrón, de Campanilla o de Peter Pan, de Blanca Nieves o Lobo Feroz. Apenas hacía falta disposición de ánimo, solo dejarse llevar por la ilusión.


Esa mirada perdida es la que nos permite sumergirnos en el acontecimiento, en el juego, en el momento del cuadro, en la instalación, en la música o en el sueño fantástico. Miramos con ojos ajenos, “malaprendidos” porque estamos hartos, cargados de imágenes aceleradas y colatera les, ajenas a cuanto tenemos delante, “desinteresadoras y desinteresantes”. Si contemplamos una obra de arte, supo nemos que tiene un valor, que tal vez pertenece al museo o valga una fortuna aunque difícilmente la pondríamos en nuestra casa o daríamos un euro por ella, pues resulta ría difícil justificarla ante los amigos, aunque tal vez nos hagamos una foto con ella para decir que estuvimos allí... nos hemos olvidado que se trata de una manifestación artística que se mantiene desde el comienzo de los tiem pos y responde a una inquietud común aunque apagada o silenciada mayoritariamente y que solo unos pocos locos o resistentes, que no pueden impedirlo, empeñan su vida en la tarea. Una rara especie de humanos intermediarios entre la realidad y la fantasía entre la vida y los sueños y mitos, que conjuran por igual dioses y demonios, ya per sigan bisontes, ciervos y mamuts o se empeñen en la em presa de ir a la Luna o conquistar Marte... en esa aventura tan humana (en el mejor sentido de la palabra) que es la de hacernos mayores y crecer como especie.
El mundo de los museos, el mercantilismo y el espectáculo parecen cuestionar que “Sapiens actual” esté hecho para el arte pero sostengo que el arte sí está hecho por y para el hombre.

 

 

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