La cabeza, la mano el tiempo y otros

No es sólo la mano del autor quien conforma la obra. Antes está la propia forma del árbol (o de la materia elegida) en función de su naturaleza y de una serie de variantes que la conforman. Pero no siempre uno se encuentra con el árbol, sino con maderas y materiales diversos, es decir productos extraídos o derivados que posibilitan distintas soluciones…

Procuro, según la obra de que se trate, dejar las formas propias del proceso natural sufrido, ya del crecimiento, la abrasión por el agua, el aire, la arena o el fuego… o las formas encontradas por el camino: restos de muebles, molduras, matrices que siguiendo un proceso de encuentro, aproximación o adaptación con otros elementos próximos, en la cabeza y en el taller, encuentran un nuevo maridaje, una cierta sutura nueva y significativa.

Es evidente que la mano no siempre es capaz de traducir en imagen o forma lo que la cabeza, las tripas o el corazón quieren.

La cabeza manda, sueña y vuela, pero la mano y una serie de circunstancias de difícil control, realizan la obra según su habilidad y posibilidades. Tal vez sea este “desajuste en la traducción” lo que produce cierta desazón (por la imposible traducción y la insatisfactoria materialización) lo que anima al autor a seguir intentándolo, en la ilusión de encontrar en el próximo trabajo, la adecuación perfecta, el anclaje buscado entre la idea y su materialización.

lunanegra

Comienzo y recomienzo. Y no avanzo. cuando llego a las letras fatales, la pluma retrocede: una prohibición implacable me cierra el paso. Ayer, investido de plenos poderes escribía con fluidez sobre cualquier hoja disponible: un trozo de cielo, un muro (impávido ante el sol y mis ojos), un prado, otro cuerpo. Todo me servía: la escritura del viento, la de los pájaros, el agua, la piedra. ¡Adolescencia, tierra arada por una idea fija, cuerpo tatuado de imágenes, cicatrices resplandecientes!... Hoy lucho a solas con una palabra. La que me pertenece, a la que pertenezco: ¿cara o cruz, águila o sol?

Octavio Paz. Águila o sol. México. 1951

Solo en contadas ocasiones se nos escapa la vida por la punta de los dedos

Bernard Leach

Por eso el alfarero es el más capaz de diferenciar entre un conjunto de formas aparentemente iguales pues sabe que ésa es la que mejor se ajusta a su idea, la que mejor le representa. Sólo el ojo sensible de un espectador dispuesto y más permeable que cómplice, podrá captar esta sutileza entre formas aparentemente iguales.

Espero que así sea visto y entendido, como un trabajo en curso, la concreción de una búsqueda, un alto en el camino en que muestro lo que voy haciendo y que en unos meses y en este mismo lugar o en otro, podría conformarse de distinto modo.

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